Un tallista de madera llamado Ching acababa de terminar un yugo de campana,
y todo el que lo veía se maravillaba, porque parecía obra
de espíritus. Cuando el duque de Lu lo vió, le preguntó:
-- "¿Qué clase de genio es el tuyo, que eres capaz de hacer
algo así?"
Y
el tallista respondió:
-- "Señor, no soy más que un simple trabajador. No soy ningún
genio. Pero le diré una cosa:
Cuando
voy a hacer un yugo de campana, paso antes tres días meditando para
tranquilizar mi mente. Cuando he estado meditando durante tres días,
ya no pienso en recompensas ni emolumentos.
Cuando he meditado
durante cinco días, ya no me preocupan los elogios ni las críticas,
la destreza ni la torpeza. Cuando he meditado durante siete días,
de pronto me olvido de mis miembros, de mi cuerpo y hasta de mi propio
yo, y pierdo la conciencia de cuanto me rodea. No queda más que
mi perícia.
Entonces voy
al bosque y examino cada árbol, hasta que encuentro uno en el que
veo en toda su perfección el yugo de campana. Luego, mis manos empiezan
a trabajar. Como he dejado mi yo a un lado, la naturaleza se encuentra
con la naturaleza en la obra que se realiza a través de mí.
Esta es, indudablemente,
la razón por la que todos dicen que el producto final es obra de
espíritus."