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"Revista de Dansant Dansant, Otoño 2000.
Danzas de la Luna Nueva"


Vuestras colaboraciones:


El pescador satisfecho

El rico industrial del Norte se horrorizó
cuando vió un pescador del Sur
tranquilamente recostado contra su barca
y fumando una pipa
¿por qué no has salido a pescar?,
le preguntó el industrial,
y contestó: porque ya he pescado
bastante por hoy
¿y por qué no pescas más de lo que necesitas?,
insistió el industrial
ganarías más dinero, fue la respuesta.
De ese modo podrías poner un motor a tu barca.
Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces.
Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon,
con las que obtendrías más peces y más dinero.
Pronto ganarías para tener dos barcas.........
y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo.
¿y qué haría entonces, preguntó de nuevo el pescador?
podrías sentarte y disfrutar de la vida, respondió el industrial
¿y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?,
respondió satisfecho el pescador.


De Anthony De Mello
 
 

Colaboración de Justo:

Los guerreros de la luz mantienen el brillo en sus ojos.
Están en el mundo, forman parte de la vida de otras personas y comienzan su jornada sin alforja y sin sandalias.

Muchas veces son cobardes. No siempre actúan acertadamente.
Sufren por cosas inútiles, tienen actitudes mezquinas, a veces se juzgan incapaces de crecer.
Frecuentemente se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.

No siempre están seguros de lo que están haciendo aqui.
Muchas veces pasan noches en vela, creyendo que sus vidas no tienen sentido.

Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan.
Porque se preguntan. Porque buscan una razón - y con seguridad la encontrarán.

 Del libro "Manual del Guerrero de la Luz" de Paulo Coelho


EL SECRETO DE MAMÁ

Cuando era pequeña me preguntaba qué tenían las tortas de manzana de mamá que tanto nos gustaban a mis hermanos y a mí y de las que no dejábamos ni las migas. Me preguntaba que secreto guardaban en su interior las tortas de mamá para estar tan ricas. Me lo preguntaba cada vez que, desde el horno, llegaba hasta mi nariz ese olor dulzón a azúcar quemada y a manzanas. Mi boca se llenaba con ese olor y tragaba la saliva lentamente, relamiéndome los labios.

 Solíamos burlarnos de mamá y de sus tortas de manzana porque nunca le salían igual y siempre tenían un aspecto poco apetecible. Pero cuando nos metíamos el primer bocado en la boca ya no podíamos parar. La torta desaparecía en un santiamén. Entonces mojábamos con un poco de saliva el dedo corazón y recogíamos las miguitas que aún quedaban en el molde.

 Mis hermanos y yo hacíamos apuestas mientras la torta estaba en el horno. Apostábamos acerca de como quedaría la masa, si delgada y crujiente, o gorda y esponjosa. Otras veces le tocaba al azúcar, que si tendría poca azúcar, o por el contrario mamá había sido generosa con ella y el exceso de azúcar se convertía en caramelo crujiente apegado a la masa. Cuando salía así, con caramelo, era cuando más me gustaba. El caramelo crujía cuando lo mordía y, a veces, lo lamía y lo lamía con la punta de la lengua antes de morder.

 La forma que tendría la torta era otro motivo para apostar. Igual tenía forma redondeada, ovalada, cuadrada, alargada. A mamá, nunca, nunca, le salían dos tortas iguales. Gracias a ello les gané muchos cromos a mis hermanos.

 Nosotros sabíamos cuando mamá haría torta de manzana. Cuando papá llegaba a casa, por la noche, con la cesta de mimbre grande, sabíamos que venía de la finca de naranjos de los señores. Los señores solían regalarle a menudo, azúcar, harina, aceite y cerveza. Papá bebía un poco de cerveza en la cena y el resto se lo daba a mamá. Al día siguiente ella hacía una torta de manzana.

 A mi hermana Rosa y a mí nos gustaba observar a mamá en la cocina mientras preparaba la torta, ella siempre se aseguraba de que no viéramos la forma que le daba a la masa ni el azúcar que le ponía. Nos sentábamos en la mesa de madera y allí estábamos, calladas y quietas, mientras la mirábamos a ella, intentando averiguar cual era el secreto de mamá y de sus tortas. Siempre las hacía de la misma manera. Echaba unos cuantos troncos menudos de naranjo al horno y los dejaba quemar poco a poco. De vez en cuando se inclinaba para mirar el tiro y asegurarse de que los troncos se quemaran despacio.

Después, cogía de la alacena un recipiente hondo de porcelana blanca que ya estaba viejo y con los bordes algo rotos. Vertía en él un vaso de aceite y otro de cerveza, luego, mientras removía sin parar con una espátula de madera, iba echando la harina hasta que ésta llegaba a la altura de las flores diminutas de color violeta que formaban la cenefa de arriba del recipiente blanco de porcelana. Luego sacaba la masa del recipiente y seguía trabajándola con sus manos.

 Mientras hacia todo esto, mi madre tarareaba una canción de cuna que siempre nos cantaba cuando éramos pequeños. De vez en cuando soplaba con fuerza para apartarse de la frente un mechón de pelo, negro y ensortijado. Después suspiraba y se alisaba el delantal. Cuando la masa estaba bien ligada la dejaba sobre el banco de piedra y la cubría con un paño de hilo blanco. Iba entonces al frutero y escogía unas cuantas manzanas rojas, las olía, las sopesaba y sonreía. Sonreía de la misma manera en que lo hacía cuando papá la abrazaba, mordiéndose el labio inferior. Era entonces cuando pelaba las manzanas, lo hacía con tanta gracia que lograba sacar la mondadura sin romperla. Mondaduras que mis hermanos y yo llevábamos a los cerdos, no sin antes jugar un rato con ellas para ver a quién de nosotros se les rompía primero. Cortaba las manzanas en trozos pequeños y finos que iba dejando en un plato de porcelana blanca ya agrietado.

 Mi hermana Rosa y yo esperábamos impacientes el momento en el que mamá untaba el molde con manteca de cerdo y ponía la masa en él, extendiéndola con sus palmas, humedecidas con un poco de aceite. La extendía despacio, con movimientos suaves y precisos. Hacía esto con los ojos cerrados, tarareando una nana y balanceando su cuerpo como si arrullase a un niño con él. Rosa y yo sentíamos mucha curiosidad por saber que pensaba mamá en esos momentos, resultaba tan extraña y tan bonita tarareando la nana y bailando con su cuerpo. Cuando le preguntábamos, nos contestaba que ese era un secreto de las mujeres que descubren cuando aman a un hombre y cuando son madres. A nosotras nos parecía que faltaba toda una eternidad para descubrir ese secreto de las mujeres. Creíamos también que ese secreto tenía que ver con las tortas de manzana.

Luego, abría los ojos y miraba como había quedado la masa en el molde, espolvoreaba por encima azúcar y harina, y por fin ponía los trozos de manzana que había cortado. Volvía a espolvorear azúcar, abría la puerta del horno y metía en él el molde. En ese momento mi hermana Rosa y yo bajábamos de la mesa de madera y corríamos a buscar a nuestros hermanos para hacer las apuestas acerca de qué forma tendría la torta. Nada más sacarla del horno le ponía un poco de canela en polvo y la dejaba enfriar encima del banco de piedra.

 Un año, en invierno, mi hermana Rosa se puso muy enferma. Perdió el hambre y solo quería comer la torta de manzana de mamá. Ésta se la sentaba en las rodillas y, mientras le cantaba la canción de cuna, metía en su boca pequeños trozos de torta que mi hermana tragaba con dificultad. La última vez que mi madre hizo una torta de manzana fue la tarde en que mi hermana murió. En esa ocasión estaba yo sola sentada en la mesa de madera. Ella hizo la torta como siempre, pero cuando puso la masa en el molde no cerró los ojos ni bailó, solo tarareo la canción de cuna. Por primera vez vi que mi madre mantenía los ojos abiertos mientras estiraba la masa en el molde y le daba forma. Sus manos se movían más despacio y lágrimas gruesas le resbalaban por la mejilla. Yo me sentía muy triste y también lloré. Hizo una tarta con forma de corazón de la que solo comió un poco mi hermana Rosa. Después de que mi madre le susurrase al oído el secreto de sus tortas mi hermana sonrío, cerró los ojos y murió en los brazos de mamá.

En esa tarde de invierno mis hermanos y yo no hicimos ninguna apuesta ni jugamos con las mondaduras de manzana. Ni siquiera se las llevamos a los cerdos. Se quedaron en el plato agrietado de porcelana blanca, sobre el banco de piedra. Mamá ya nunca más nos hizo tortas de manzana.

 Años después, cuando nació mi primer hijo, descubrí lo que tenían las tortas de manzana de mamá que tanto nos gustaban y de las que no dejábamos ni las migas. Descubrí el secreto de mamá y de sus tortas. Descubrí que mamá nos hacia las tortas con el corazón además de con sus manos y en el corazón de mamá había mucho amor.


Rincón de la poesía:

Benvingut

 Has arribat
quan t'esperava.
Mirada clara, gest senzill,
presènca tendra.

 Quan t'apropes
sent com l'escalfor del sol
s'escampa pel meu cos.

 Quan sonrius m'en adone
de la grandessa de l'Univers,
de la màgia de la Vida.

 Directe, clar, humil, humà......
puc sentir el teu voler
m'arriba el teu desig
y amb ell, els teus dubtes
disfrassant la por.

 El teu cos es rebel-la
però és la Vida que bull
I s'expressa

Colaboración anónima


"La vida es bella"

,
letra sacada del disco "blue touches blue" de Noa y tema central de la película del mismo nombre.
Os ocordais de "¡¡bongiorno principezza!!".

Yo, al verte sonreír, soy el niño que ayer fui.
Si yo velo por tus sueños el miedo no vendrá
y así sabrás lo bello que es vivir.

 Caen mil lágrimas al mar, tú no me verás llorar
y es que solo tu alegría amansa mi dolor
y así yo sé lo bello que es vivir.

 Sí, mi corazón siempre estará donde esté tu corazón
si tu no dejas de luchar
y nunca pierdas la ilusión,
nunca olvides que al final habrá un lugar para el amor.

 Tú no dejes de jugar, no, no pares de soñar
que una noche la tristeza se irá sin avisar
y al fin sabrás lo bello que es vivir.

 Que una noche la tristeza se irá sin avisar
y al fin sabrás lo bello que es vivir
se irá sin avisar y al fin sabrás

 ¡LO BELLO QUE ES VIVIR!


La Caracola

¿Qué significado tiene? ¿qué simbología? ¿qué haces con ella?

 Es un instrumento que se ha usado y aún se usa para llamar.
Depende de las culturas tiene un simbolismo mas o menos mágico o sagrado: se comunican de un valle a otro, se invoca a los seres espirituales que viven en las distintas direcciones.

 Conocí este instrumento en un trabajo chamánico, un TemasKal.
Estabamos reunidos alrededor de un circulo de piedras. Alguien invocó una de las direcciones con la palabra y luego un sonido se escuchó. Era de noche, la sensación fue indescriptible. El sonido se introdujo dentro y todo vibraba con él. Era la Caracola. El sonido se extendía por todo el valle y por dentro de mi cuerpo, vibrando al unísono, llenando cada célula de mi ser.

Un día me regalaron una y desde entonces formar parte de mi.

 La cojo con respeto y amor, siento que tengo entre mis manos un Elemento salido de las profundidades del mar y que llama a sus aliados los vientos de las 7 direcciones (norte, sur, este, oeste, cielo ,tierra y centro) para que vengan a apoyar lo que se está haciendo. Llama a l@s danzantes, cuando suena en el circulo. Llama a l@s niñ@s cuando la utilizo en el trabajo, y también llama a los seres que viven dentro del corazón de cada un@ para que ayuden a que todo sea como tenga que ser.

 Cuando la toco soy la herramienta de la que se vale la Caracola para que su sonido llegue a cada un@ de vosotr@s y os haga sentir lo que sentís.

El poder del agua que la forjo y del viento que la hace sonar, son los elementos que nos transmite este instrumento sagrado. Conexión con algo profundo, alineación de algo que está dentro de cada un@.

 Que el poder y la fuerza de la Caracola os llene a tod@s.

 Gracias. Carmen


Para enviar colaboraciones o cualquier información que deséis que se publique, podéis poneros en contacto con:

 Carmen: tno. 96 - 166.13.83
Inanna: tno. 96 - 275.06.94 e-mail: inanna@ctv.es
Akal: tno. 96 - 342.06.46 C/Sueca, 50 - 8ª 46006 Valencia
JJ: tno. 656 - 64.25.68 e-mail: hjj@eresmas.com


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