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Sobre la Nit Folk Una
experiencia personal y subjetiva. Por Gabriela Una Nit Folk. Quart de Poblet
pasada por agua Finalmente
los truenos, los relámpagos y la lluvia no consiguieron aguarnos la fiesta.
Bailamos pese a todo. Eso sí, bajo techo, en la casa de la cultura. No
tuvimos las estrellas de testigo, pero pudimos guarecernos y llevar adelante los
talleres y las actuaciones. Realmente disfruté de la noche.
Con Mon Cardona y su grupo,
Sants&Fot, fue todo muy aseado, previsible y disfrutable dentro del
control que podíamos tener sobre todo lo que estábamos haciendo.
Un claro ejemplo de orden, didáctica, secuenciación pausada, desglose
milimétrico de los pasos y la conciencia que de ellos hay que tener. Como
se diría en mi tierra, fue todo muy prolijo. Y lo disfruté. Especialmente
aquel baile de parejas que empezaba con dos pasitos de scotish, dos de vals, dos
de scotish y dos de vals, y luego... luego ¡la fiesta! marcha, marcha, marcha,
marcha, vals, vals, marcha, marcha, marcha, marcha, vals, vals, y así dos
veces más, pero la gracia estaba en ese gira que te gira, gira y gira más.
Gracias Justo por darme todas esas vueltas. Me encantó. Y
ahora sí, señores y señoras, llega el sol, la luna y las
estrellas de la Nit Folk: el grupo La Tarantola. La verdad, es que como yo no
había podido participar del taller de danzas que dieron por la mañana,
estaba un poco a la expectativa, pensando que me iba a quedar descolgada y que
no podría participar o disfrutar de sus músicas y bailes. Pero ¡nada
que ver! Fue una experiencia divertida, desprejuiciada, apasionada, desinhibida,
catártica, creativa, liberadora, entusiasta, humorística...

Sentí
que es verdad, que corre sangre "tana" por mis venas, que todos esos
gestos, esas miradas, esos vaivenes, esos ritmos, despertaban algo muy profundo
dentro mío, algo que volvía a latir y quería, de a poco,
abrirse paso hasta salir a la superficie.¿Y sabéis que era? Era
la alegría de estar viva. La verdad es que hacía tiempo que no me
reencontraba conmigo mismo así de alegre y vital. Si
no lo entendí mal, porque hablaron en italiano, y porque no siempre estaba
atenta a las palabras, creo que nos contaron que históricamente estos bailes,
que genéricamente se llaman "tarantelle" pero que son la "pizziche"
y la "tamuriatte", se utilizaban para curar las picaduras de las arañas,
para sacar el veneno afuera. Ene realidad, parecen ser una metáfora de
curar otras enfermedades, estas que afectan al corazón, al alma, que nos
sumen en la tristeza, que nos hacen perder las ganas de vivir. Con esos ritmos
repetitivos de sus panderetas, repetidos una y otra vez, mucho rato, mucho rato,
y con esos movimientos que van y vienen, es como que se entraba en un trance y
las personas (fundamentalmente, me pareció entender, las mujeres) empezaban
a liberar, a sacar afuera eso que les estaba comiendo por dentro y que les hacía
perder su conexión con la vida... ¿Queréis
que os diga algo? Yo no creo que haya entrado en trance, aunque bailé sin
parar hasta altas horas de la madrugada a pesar de lo recalentados que tenía
los pies, pero sí que sentí el poder curativo de la música
y la danza. Sentí que la Gabriela alegre, por el simple hecho de existir,
estaba ahí, danzando la vida con pasión, entusiasmo y ganas de seguir.
Estoy muy contenta de esta vivencia y por eso la comparto
con vosotros, compañeros de danzas y andanzas. Que
podamos participar de muchos bailes más que nos lleven a recobrar nuestras
ganas de seguir el camino. Y que por favor: ¡No
nos quiten lo "bailao", ni lo vivido! (si es que eso se puede quitar).
Y a partir de la Nit Folk y nuestro encuentro con el grupo la Tarantola,
ya sabemos que tenemos un buen remedio para nuestros "males": Bailar
la "pizziche" y la "tamburiatte", horas, horas y más
horas, hasta levantar vuelo, dejando el peso de la existencia atrás.
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