-BAILEMOS
TANGO MI VIDA-
extracto del libro AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS de Silvia Salinas
y Jorge Bucay
"La decisión
ya estaba tomada: iba a aprender a baliar tango. Es más;
tenía que aprender a bailar tango. Y esta vez si iba
a poner todo el empeño escatimado en tantos años
de infructuosos intentos (desde los primeros balbuceos con mi
padre, hasta aquellas tentativas fugaces, pero llegas de vana
ilusión, emprendidas con la ayuda de los abnegados "voluntarios"
que alguna vez encontré en el camino). Y como esta vez
estaba realmente dispuesta a llegar al final, lo primero que
tenía que hacer era tomar clases como Dios manda (es
decir con profesor y todo).
| Así
que llena de buena voluntad, encaramada en mis zapatos de
tacón, embutida en una falda acorde a las circunstancias
y con la mejor de mis sonrisas en el rostro, me planté
en aquella sala de baile que tanto me habían recomendado
mis amigas. |
 |
Pero claro, como
es imposible tanta dicha, como tanta perfección nos está
prohibida... como siempre... faltaba algo. Miré, remiré
y por más que busqué, me encontré de nuevo
con la eterna verdad delante de mis narices: sólo había
cuatro hombres para veinticinco mujeres. Con todo y con eso
no estaba dispuesta a que mi voluntad se viera vencida una vez
más. Y me lancé a la pista dispuesta a arrebatarle
a cualquiera de las otras veinticuatro mujeres algunas de las
cuatro codiciadas presas.
Sin embargo, a pesar de mi buena voluntad y de la
mejor de mis sonrisas, en una hora sólo pude capturar
a un compañero, y por cinco minutos. A aquel paso, ni
en dos años aprendería una sola figura (si es
que antes no aparecían por la pista nuevas competidoras).
Fue entonces cuando la luz se hizo en mi cabeza y lo vi todo
con mucha claridad: ¡para algo se tiene un marido..! Y
luego de poner en juego mis mejores y más elaboradas
maniobras de "manipuloseducción", conseguí
arrastrarlo a la clase. Lo mejor y más increíble
de todo... es que "le gustó"
CLASE 1
- Lo primero que vamos a aprender del tango, es
el abrazo - dijo Julio Horacio Mtnez., el profesor. Yo pensé
que esto no tendría mucha ciencia, porque abrazarse es
algo que todos hacemos habitualmente, de una manera espontánea,
qué sé yo... natural, sin aprendizaje previo.
Pero no. Al parecer, detrás del abrazo en el tango se
esconde algo bastante complicado.
 |
- En el tango
los cuerpos tienen que armar un circuito de tensiones encontradas,
el brazo debe estar firme, pero sin empujar. Las piernas
en contacto, pero sin asfixiarse ni impedirse el movimiento.
Tengan ustedes en cuenta que en este baile el
equilibrio no está en cada uno, sino en el centro
de los dos, y si no se entienden pueden desestabilizarse.
Tienen que aprender a comunicarse para poder disfrutarlo
juntos. |
Entonces Alberto,
mi marido, me tomó en sus brazos, juntas las piernas,
con una mano sujetándome de la cintura y con la otra,
arriba y firme, para que me sirviera de apoyo. Hasta aquí
todo bien... en teoría, si no fuera porque su mano en
la cintura... me tenía suspendida en el aire, sus piernas
juntas... no me dejaban mover, y su mano firme... era tan firme
que me atenazaba los dedos.
- Tu mano debe ofrecer resistencia, de lo contrario
te sientes empujada. No se puede bailar con un flan aunque tenga
forma de mujer. Me había llamado flan con forma de mujer.
Eso fue lo que dijo... y ahí terminó la primera
clase.
CLASE 2
- Hoy aprenderemos el paso básico, que son
ocho compases. ¿ven? Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
y en el quinto, la mujer debe tener el peso del cuerpo en el
pie derecho y entonces, con ese mismo pie, y cambiando el peso,
ella sale hacia atrás y seguimos, seis, siente y ocho...
¿entendieron?
| Dijimos
que sí (no sin ciertos reparos) y empezamos a bailar:
uno, dos, tres, cuatro, cinco... uno, dos, tres, cuatro,
cinco... uno, dos, tres, cuatro, cinco... |
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¡NADA..! No
había manera. Alberto estaba empeñado en que yo
hiciera el sexto con el pie izquierdo, pero no quería
entender que lo tenía cruzado por delante.
- ¡Me estás atropellando!
- No, eres tú que no retrocedes.
- Pero ¿cómo quieres que retroceda si tengo el
pie en el aire?
- Pues las demás lo hacen...
- Las demás lo hacen porque los demás lo marcan
bien.
- ¡Alberto! -se acercó el profesor- tienes que
tener en cuenta dónde tiene ella el peso del cuerpo.
Si no lo haces, ella no puede salir. Mira: uno, dos, tres, cuatro,
cinco, seis, siete y ocho. ¿viste..?,
"Qué
lindo era bailar con alguien que me entendía", reconocí
que con Alberto me sentía impotente. Me echaba a mí
la culpa de sus limitaciones y no quería darse cuenta
de que era totalmente imposible seguirlo.
CLASE 3
-Hoy trabajaremos las articulaciones del paso básico.
En el ocho, hay dos tiempos, uno de entrada y otro de salida,
tanto en el hombre como en la mujer. Son alrededor de la pareja.
El hombre puede optar por sólo darle el espacio o acompañar
su movimiento... Por fin había llegado lo que estaba
esperando, hacer esos firuletes tan lindos, tan elegantes, tan
sensuales...
| Salgo,
entro salgo... ¿Qué pasa? De pronto estamos
los dos haciendo fuerza por no caernos, a cuatro metros
uno del otro y a leguas de la elegancia y sensualidad soñadas... |
|
-¡¿Qué
están haciendo!?- se acerca Julio desorbitado-, "queremos
bailar tango y están haciendo una lucha de sumo".
Alberto ven. Ahora yo te tomaré el lugar de tu pareja
y te muestro qué haces...¿ves? si tú no
me das espacio suficiente, yo me lo voy a tomar de todos modos,
aunque sea alejándome...
CLASE 4
Aunque ya más o menos podemos movernos juntos,
todavía nos cuesta mucho sincronizarnos. Después
de haber trabajado con la pausa hemos conseguido bailar un poco
seguido, pero tras unos pasos engarzados a duras penas, me vuelvo
a tropezar con sus pies (o quizá sea él quien
tropieza, yo ya no lo sé). Sea como fuere. Alberto me
acusa de no escuchar lo que me dicen; de bailar sola. Yo le
repito que no sé qué es lo que quiere que haga...
pero parece que él tampoco me entiende.
De nuevo Julio se acercó a nosotros (¿es
que no hay más parejas en la sala que bailen mal?)
-Alberto, sí quieres decir algo, primero
tienes que contactar, llamar su atención, de lo contrario
la invades, la sorprendes y en esa incertidumbre no te va a
entender. Llevemos esto al baile. ¡Mira!, primero buscas
su pie, la detienes y luego haces el movimiento. Si antes no
haces contacto será difícil que ella adivine que
quieres comunicarte. Como cuando quieres hablarle: primero la
llamas, y sólo cuando ves que ella te escucha, hablas,
de lo contrario antes o después tendrás que gritar.
Esto es lo mismo. Y tú -dirigiéndose a mí-
ten en cuenta que cuando te llama tienes que detenerte y escucharlo,
si no, para que lo escuches te va a gritar.
Y si están
bailando, te va a golpear. Lo voy a mostrar. Acerco mi pie al
suyo; ella se detiene para escuchar, hago el movimiento y espero
a que ella me conteste.
No lo olviden, al bailar están dialogando,
nunca imponiendo. Uno habla y después de escuchar
el otro contesta. Atención, sólo después
de escuchar. Porque en el tango, como en la vida, si no
me tomo el trabajo de escuchar, voy a presuponer que sé
lo que me van a decir, y nunca contestaré al otro.
Sí acaso, contestaré a mis suposiciones, pero
nunca al otro. Así el diálogo real deja de
existir y se convierte en monólogo. Esto es lo que
están haciendo, y esto no es bailar tango, que es
una danza de pareja en la que cada uno improvisa de acuerdo
al movimiento del otro.
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(Continuará...)