Aquí me veo nuevamente
comunicando para otro Correo algunas sensaciones, vivencias,
impresiones, subjetividades... quizás algunas sean compartidas
y otras solamente mías.
En principio quería hablar un poco del taller de Danzas
Celtíberas con Dani.
Muchos habéis estado allí, en Quart de Poblet
disfrutando del taller y otros habéis tenido la oportunidad
de bailar alguna que otra jota (o quizás ni jota de jotas)
o fandango el domingo en la playa.
Realmente disfruté del taller. A mí Dani me transmite
muchas cosas cuando baila. Hay algo que está en los gestos,
en su mirada, en su presencia... y tiene que ver con el amor
a la tierra en general y en particular a la suya. Hasta el punto
que me hace pensar en mis propias raíces. Y ahí
me veo yo, con mi representativa canción Sur o no Sur
y mi desarraigo o múltiples, pero pequeñas raíces,
a cuestas... es que a él lo veo tan enraizado en sus
Arenas de San Pedro, que sin dificultad puede alzar vuelo hasta
el cielo si se lo propone.
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Danzas celtíberas
en Quart de Poblet
Podría decir que me transmite:
pasión, vitalidad, energía y sutileza, gracia
y fuerza, alegría y muchas ganas de bailar, de dejar
a mi corazón que dicte los pasos, que mis vísceras
me den la fuerza para que todo lo que hay dentro brote hacia
fuera y desborde en movimiento.
También es muy
bonito escucharlo cantar, tocar el rabel o hacer ritmos con
las manos en la mesa mientras los platos, vasos y cubiertos
van saltando de un lado a otro (aunque creo que a los camareros
esto no les gusta tanto).
Fue muy bueno también todo el apoyo que recibí
del Bassot y del Muslo en el tema de la organización:
consiguieron la Casa de la Cultura de Quart de Poblet para el
Taller, invitaron a los músicos que tocaron por la noche
en el Bassot, hicieron ese afiche tan bonito... y todo poniendo
las cosas fáciles y con muchas ganas de que todo saliera
muy bien. Es un gusto para mí saber que puedo contar
con ellos y les doy las gracias una vez más.
Y para los que os hayáis quedado con ganas de más
o estéis pensando que hacer en semana santa... os recomiendo
subir a Ribota y participar del taller con Dani que nos permitirá
afianzar lo que hemos iniciado en Valencia.
Y para que los que no habéis
ido al taller también podáis disfrutar con su
lectura, aquí va un cuento que Dani nos pasó junto
con los apuntes de las danzas y que me parece muy bonito:

"Había una vez
un Ciempiés que bailaba tan bien, tan bien, tan bien
que todos los animalillos del bosque cada noche le iban a ver.
El Ciempiés bailaba al son del violín del Grillo
vestido de elegante y pulido negro, acompañado por la
flauta del Ruiseñor y en algunas ocasiones el croar de
una Rana soprano muy famosa, para deleite de todos, que aplaudían
y disfrutaban con tan magnifico espectáculo. Cuando no
había luna, las luciérnagas se encendían
en torno al viejo tronco del sauce muerto sobre el que las libélulas
hacían con sus alas destellos mágicos del arco
iris.
Cerca vivía el Sapo,
animal lento, torpe y algo aburrido, con fama de comilón
y amante del silencio. Al principio no dio mucha importancia
a los alborotos que se preparaban casi todas las noches serenas,
pero con el paso del tiempo al Sapo la
situación se le hizo insoportable. Tenía que buscar
una solución al problema.
Lo primero que se le vino a su verde cabeza fue el tragárselo
de un lengüetazo, pero era imposible. El Ciempiés
tenía muchos amigos y tendría que abandonar su
casa por un tiempo, además los Ciempiés saben
muy mal, pensó.
Una mañana tempranito
encontró una posible solución, se puso su traje
de color tierra y se fue derechito a la cueva donde vivía
el Ciempiés. Llamó a la puerta. El Ciempiés
le abrió y el sapo se presentó como si fuera uno
de sus admiradores, rogándole que le enseñara
a bailar. El Ciempiés accedió y se pusieron manos
a la obra, cuando llevaban un buen rato bailando el Sapo le
preguntó al Ciempiés:
Amigo mío, tengo una duda. No sé si lo que haces
primero es mover los 25 pies derechos con los 45 pies traseros
izquierdos, mientras que el tacón punta lo haces con
los pies 35,36,37,38,39 y 40 derechos. Con los pies izquierdos
15,16,17, 18,19 y 20 el Yemení... y las cherquesías
o los arrastraos, ¿con qué pies los haces?.
El Ciempiés se quedó blanco, bueno, todo lo blanco
que se puede llegar a poner un Ciempiés y al pensar lo
que el Sapo le había preguntado se olvidó de bailar.
El Sapo consiguió lo que quería, al menos durante
un tiempo, pues al cabo de varias noches y días, las
hermosas melodías de los cantores de la noche, devolvieron
al corazón del Ciempiés los impulsos necesarios
para poder bailar.
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Pues bailar
es expresar los sentimientos que tenemos en el corazón,
no los que nacen de la razón." |
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