Había un pequeño niño
que quería encontrarse con Dios.
Pintura de Jim Warrens
El sabía que tenía
un largo camino por recorrer, por lo tanto cargó su mochila con
pasteles y guaraná (es una gaseosa), y comenzó su caminata.
Cuando anduvo unas tres cuadras,
encontró a un viejito sentado en un banco de la plaza, mirando los
pájaros.
El niño se sentó junto a
el, abrió su mochila y al tomar un trago de guaraná, observó
que el viejito le miraba y vió que estaba con hambre...
Entonces, le ofreció un pastel.
El viejito, muy agradecido aceptó y sonrió al niño.
Su sonrisa fué algo muy especial. Tan increíble, que el niño
quiso verla de nuevo, entonces le ofreció su guaraná.
Y otra vez, el viejito sonrió
al niño. El niño se sentía muy feliz!
Quedaron sentados, alli sonriendo, comiendo
pastel y bebiendo guaraná por el resto de la tarde sin hablarse
el uno al otro.
Cuando comenzó a oscurecer, el niño
estaba cansado y resolvió volver para la casa, pero antes de irse
se volvió y le dió un gran abrazo al viejito.
El viejito le obsequió la mayor
sonrisa que el niño jamás había recibido.
Cuando el niño llegó
a su casa, su madre sorprendida le preguntó que le había
pasado al ver tanta felicidad en su rostro.
"Qué fue lo que hoy te ha dejado tan feliz?
El respondió:
"Pasé la tarde con Dios !!!! y agregó...
"Tu sabes que Él tiene la mas linda sonrisa que jamás había
visto en mi vida?"
Entretanto, el viejito llegó a
su casa muy radiante, y su hijo le preguntó:
"¿Por dónde has estado?
¿que fué lo que te ha dejado tan feliz?"
El viejito respondió:
"Comí pasteles
y tomé guaraná, en el parque, con Dios".
Antes que su hijo pudiese decir algo, el siguió
hablando:
"¿Sabes, Él
es mucho mas joven de lo que pensaba?"
Nunca subestimes la fuerza de una sonrisa,
el poder de una palabra,
de un oído para escuchar,
de un honesto elogio,
y hasta de una muestra de cariño.
Todo eso tiene el potencial de hacer
girar una vida 180 grados.
Por miedo a sentirnos disminuídos,
dejamos de crecer.
Por miedo a llorar dejamos
de sonreir!!!